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Van Gogh

Actualizado: 18 sept



Vincent Willem van Gogh, sin duda alguna, es uno de mis pintores preferidos, y no solamente por la manera en que infunde vida y emoción a los colores, sino por el personaje en sí: uno de los artistas más influyentes de finales del siglo XIX, el cual sufría de ataques de epilepsia y severa depresión.

Nació en el sur de Holanda, en 1853. Gran parte de su vida intentó ser pastor, y no fue hasta los 27 años que aprendió a pintar. Su dedicación exclusiva y apasionada lo llevaban a pintar casi un cuadro diario.

En vida, sus pinturas no fueron muy reconocidas, lo cual lo llevó a depender en gran medida de su hermano Theodorus.


En uno de sus múltiples episodios de depresión y euforia —mientras vivía en la ciudad francesa de Arlés, junto al pintor Paul Gauguin— fue cuando Vincent cortó su oreja con una navaja. Las versiones difieren: algunas dicen que fue la oreja completa, otras que sólo el lóbulo; lo cierto es que tras este episodio, y consciente de su frágil estado mental, Van Gogh decidió internarse en el asilo de San Pablo, en el poblado francés de Saint-Rémy.

Durante este período, Van Gogh pudo encontrar paz y tranquilidad, puesto que lo pintó todo en el asilo: los pasillos y corredores de San Pablo, los días normales de los pacientes y el personal, retratos de Madame Trabuc y el director del hospital, los árboles y los jardínes, etc. Mas ningún paisaje le llamaría más la atención que la vista de la cual podía disfrutar desde la ventana de su cuarto. He aquí un ejemplo, el cual le escribió a su hermano en una carta: «A través de los barrotes de acero puedo ver un campo cercano de trigo, arriba del cual en la mañana veo al Sol alzarse en toda su gloria».


La noche estrellada

Particularmente, le atraía la idea de pintar una versión nocturna de ese paisaje, ya que le parecía fascinante captar la luz, las actividades y el movimiento de los objetos en la noche. El problema es que el personal del hospicio no lo dejaba pintar en su cuarto —lo cual no era tan malo, pues se le fue asignado un espacio entero en el sótano para que lo usara como estudio. Lo que podía hacer era crear bocetos en tinta o carbón, que después llevaba a su estudio para retocar o usar como base. Así que La Noche Estrellada fue pintada, en parte, haciendo uso de sus bocetos y memoria, y agregando detalles libres.


Sobre esta obra se han dicho múltiples cosas: que si los olivos y la temática de las estrellas representan su pasado religioso, que si los espirales son muestra de su mente convulsa y atormentada, que si la pequeña villa es más bien un recuerdo del pueblo donde creció en Holanda, etc., pero todo eso pierde sentido al darse cuenta de que era una persona sumamente pasional, que lo único que deseaba era pintar lo que sentía en el momento.

Lo gracioso es que él no tenía en alta estima a la pintura, sobre la cual menciona: «Me he dejado llevar por las abstracciones y no he pintado al natural, como veo las cosas en el mundo, y donde radica mi verdadero interés y pasión. Me he dejado guiar por estrellas que son demasiado grandes y lo puedo considerar un fracaso».

Tras su productivo período en San Pablo, Van Gogh abandonó el asilo y se fue a un poblado al norte de París, cerca de su hermano Theo; su salud continuó deteriorándose, sus ataques epilépticos cada vez eran más frecuentes y acrecentaban las alucinaciones. Finalmente, se disparó en el pecho con un revólver, falleciendo en Junio de 1890, a los 37 años, rodeado de pobreza y estigmas sociales.


Tras su muerte, el mundo descubrió su arte —sus más de 2100 pinturas—, se volvió famoso y se convirtió en uno de los artistas más influyentes del Arte Moderno. El día de hoy, La Noche Estrellada reposa en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, donde es contemplada por millones de personas al año.

Pero, regresando al punto central, Van Gogh realmente se ganó mi profundo respeto y admiración por la manera en que veía la vida, por la manera en que percibía las emociones y las expresaba de manera tangible, ya que, hasta cierto punto, me sentí uno al leer sus palabras: «En resumen, quiero llegar al punto en el que la gente diga de mi trabajo "Ese hombre siente profundamente. Ese hombre siente penetrantemente", a pesar de mi llamada tosquedad».


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