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Los espíritus libres

Actualizado: hace 6 días



Extracto del libro Humano, demasiado humano de Nietzsche:

Esperemos a que un espíritu, en el cual el tipo de espíritu libre deba madurar hasta la perfección, haya corrido su aventura decisiva de un cambio de frente, cuando antes no había sido sino un espíritu siervo encadenado a su rincón y a su columna. ¿Cuál es el vínculo más sólido? Para ciertos hombres de especie rara y exquisita, serán los deberes: el respeto, la timidez y el enternecimiento en presencia de lo que es antiguo, venerado y digno; la gratitud al suelo en que ha vivido, a la mano que la ha guiado, al santuario en que murmuró la primera plegaria; los momentos más importantes y trascendentales de su vida, son los que la encadenarán más duradera y sólidamente. La gran transformación llega para siervos de esta especie como un terremoto: el alma joven se siente en un sólo instante conmovida, desasida, arrancada de todo lo que antes amaba; ni aun se da cuenta de lo que le pasa. Extraña investigación, desconocida fuerza impulsiva la dominan y se apoderan de ella, hasta imponérsele como una orden; se despierta el deseo, la voluntad de ir adelante, no importa adónde; violenta y peligrosa curiosidad de un mundo no descubierto brilla y flamea en todos sus sentidos. «Antes morir que vivir aquí» —le dice la imperiosa voz de seducción— y este «aquí» ¡es todo lo que amó hasta esa hora! Miedo, desconfianza repentina de lo que amaba, relámpagos de desprecio por lo que para ella significaba «deber», deseo sedicioso, voluntarioso, irresistible como un volcán, de viajar, de alejamiento, de expatriación, de refrigerio, de salir de la embriaguez, de tornarse de hielo; odio para el amor; a veces un paso y una mirada sacrílega hacia atrás, hacia allá, hacia donde hasta entonces se había orado y amado; quizá una sensación de vergüenza por lo que se acaba de hacer, y un grito de alegría al mismo tiempo por haberlo hecho; angustia y embriaguez de placer en que se revela una victoria —¿una victoria? ¿Sobre qué? ¿Sobre quién?—, victoria enigmática, problemática, sujeta a caución, pero que es la primera victoria: tales son los males y dolores que componen la historia de la gran transformación.


Entonces puede acontecer que, entre los repentinos vislumbres de salud aún incompleta, todavía sujeta a variaciones, comience a los ojos del espíritu libre, más y más libre cada vez, a descubrirse el enigma de esa gran transformación total, de ese cambio de frente que hasta entonces había permanecido obscuro, casi intangible, en su memoria. Durante mucho tiempo apenas si se atrevía a preguntarse: «¿Por qué me hallo tan apartado de todo? ¿Por qué tan solo? ¿Por qué en esta dureza, esta desconfianza, este odio a mis propias virtudes? ¿Por qué renunciar a lo que respetaba y hasta a ese mismo respeto? Ahora se atreve a hacerlo, propone la cuestión en alta voz y oye algo semejante a una respuesta, que le dice: «Necesitabas hacerte dueño de ti mismo, dueño de tus propias virtudes. Antes eran ellas tus señoras; pero ya no tienen derecho para ser más que tus instrumentos.» Necesitabas enseñorearte de tu pro y tu contra, y aprender el arte de tomarlos o dejarlos, de aprovecharlos o no, según tu fin del momento. Necesitabas llegar al conocimiento de los elementos de perspectivas de cualquier apreciación: la deformación, la distensión, la aparente teología de los horizontes y todo lo que concierne a la perspectiva, y más aún de la indiferencia que es indispensable para apreciar con cabal criterio valores opuestos y las pérdidas intelectuales con que se hace pagar todo pro y todo contra. Necesitabas aprender a escoger lo que hay de injusticia necesaria; la injusticia como inseparable de la vida, la vida misma como acondicionada por la perspectiva y su injusticia. Necesitabas ver con tus propios ojos en dónde existe mayor injusticia, esto es, allí donde la vida tiene desenvolvimiento más mezquino, más estrecho, más pobre, más rudimentario, y donde, por lo tanto, la vida no puede hacer otra cosa que tomarse a sí misma como un fin y medida de las cosas, analizando furtiva, menuda, asiduamente, por amor a su conservación, lo que hay de noble, grande y rico. Necesitabas ver con tus propios ojos el problema de la jerarquía y la protección en que la potencia, la justicia y la extensión crecen juntas a medida que te levantas. «Necesitabas» —pero basta—, el espíritu libre sabe a qué necesidad ha obedecido y cuáles son ahora su poder y su derecho...

De este modo, el espíritu libre se da respuesta exacta al estudiar el enigma de su cambio de frente y acaba generalizando, decidiéndose en tal sentido, para lo cual toma por base lo que se ha producido en su vida. Lo que me ha sucedido, dice, debe suceder a todo hombre que tenga una misión que haya de «presentarse». La potencia y la necesidad secreta de esta misión trabajarán en sus destinos individuales y debajo de ellos a manera de una preñez inconsciente, aun antes de que se haya dado cuenta de esa misión y de conocer siquiera su nombre. Nuestra vocación se enseñorea de nosotros, aun cuando no la conozcamos todavía; es el porvenir quien señala las reglas de conducta ahora. Es el problema de la jerarquía el que nos da derecho a hablar, porque es nuestro problema, el problema de los espíritus libres; hoy, en el zenit de nuestra vida, comenzamos a comprender qué preparativos, qué rodeos, pruebas y ensayos tuvimos que hacer y cuántas desilusiones que soportar para llegar a plantear el problema, antes de que se atreviera a presentarse delante de nosotros; y cuántas horas de desgracia, múltiples y contradictorias, debieron sufrir antes nuestro cuerpo y nuestra alma, siendo aventureros, circunnavegantes de este mundo interior que se llama hombre, agrimensores de todo lo más elevado y relativamente superior que también se llama hombre, yendo adelante en todas direcciones, sin temor, burlándose de todo, sin perder nada, probando de todo, purificándolo todo, y por decirlo así, pasándolo por un cedazo, para echar fuera lo accidental, hasta adquirir el derecho de exclamar, como espíritus libres que somos: «¡He aquí un problema nuevo! ¡He aquí una gran escala, cuyos peldaños hemos subido! ¡También hemos sido alguna vez peldaños! ¡He aquí un algo más alto, más profundo, más por debajo de nosotros! ¡He aquí una gradación inmensa, una jerarquía que nosotros vemos! ¡He aquí nuestro problema!»

#Nietzsche #filosofía

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