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Los presocráticos

Actualizado: hace 6 días



La filosofía previa a Sócrates era cosmológica: basaba sus esfuerzos en explicar la constitución y leyes del mundo (fisis), así como la unidad subyacente o principio del todo (arjé), de manera que sin ella no existiría la ciencia contemporánea tal y como la conocemos, incluso podrían considerarse los primeros físicos, pues se dedicaban a explicar la naturaleza mediante las matemáticas, la geometría y la aritmética.

El término «presocrático» no es del todo correcto pues, cronológicamente hablando, existen pensadores clasificados dentro de esta categoría que eran coetáneos a Sócrates e incluso a Platón, además de que el término supone cierta inferioridad, como si Sócrates fuese la medida a la cual los demás debían acoplarse o ser medidos; pero bueno, ¿qué se le hará?


La filosofía occidental nace con uno de los Siete Sabios de Grecia: Tales de Mileto, quien dio explicaciones racionales por vez primera —a diferencia de las concepciones míticas— acerca del mundo y el origen de la vida, lo que constituye «el paso del mito al logos», y a pesar de no haber dejado escritos, todo esto llega a nosotros mediante textos de terceros, en su mayoría de Aristóteles, quien lo sitúa como el primero en dedicarse a investigar las causas primeras, nominándolo «el fundador de la filosofía natural» (Metafísica, libro A).

La explicación universal que sostuvo Tales fue que el agua era el origen de todas las cosas, el elemento primigenio, y como "se mueve sola" —mares y ríos—, debía tener alma y, por ende, es divina —llena de dioses—; por lo tanto: el agua es el origen de todo, está repleta de dioses y tiene vida propia. Así es como daba explicación a los terremotos: como el agua es todo lo que hay, la tierra que pisamos se hallaba "flotando", como un tronco, haciéndola tambalearse.

Fue de los primeros en exportar la geometría egipcia a Grecia, su cosmogonía provenía de Babilonia, —además de predecir un eclipse que pone fin a la guerra entre medos y lidios—; era un hombre versado que buscaba incansablemente la verdad, ganándose honradamente el título del primer filósofo: amante de la sabiduría.


Anaxímenes de Mileto, discípulo de Tales, afirmaba que el arjé o principio en común era el aire, el aliento del mundo, su fuente eterna y divina: «Al igual que nuestra alma, que es aire, nos gobierna, igualmente el soplo y el aire envuelven todo en el mundo». Creía que el aire se transformaba en las demás cosas mediante la rarefacción y condensación. La rarefacción genera el fuego, mientras que la condensación, el viento, las nubes, el agua, la tierra y las piedras; a partir de estas sustancias, se crean el resto de las cosas. De modo que podemos observar en el pensamiento de Anaxímenes un intento de explicar el mecanismo de transformación de unos elementos en otros.

Escribió Peri Physeos (Sobre la Naturaleza), obra que se ha perdido pero de la cual se tiene constancia gracias al historiador Diógenes Laercio. Según Plinio el viejo, en su segundo libro de Historia natural, menciona que Anaxímenes fue el primero en analizar el cómputo geométrico de las sombras para medir las partes y divisiones del día, y diseñó para ello un reloj de sol, que denomina Sciothericon.


Heráclito de Éfeso es conocido como «el filósofo que llora» —de hecho es representado en obras medievales y contemporáneas con lágrimas, tanto brotando de sus ojos como escurriendo por su mejilla—, en contraposición de Demócrito, «el filósofo que ríe», debido a su compunción por la condición humana y su filosofía depresiva. Es mayormente conocido por su creencia de que «no se puede uno bañar dos veces en el mismo río», puesto que todo fluye, todo se haya en continuo devenir, atribuyéndole chascarrillos como «no te puedo pagar porque no eres el mismo que me prestó el dinero, así como no soy el mismo al que se lo prestaste». Creía que ese devenir perpetuo no era caótico o irracional, sino que atiende a una ley suprema, llamada lucha de contrarios —dicotomías como día y noche o guerra y paz—, es así como la contradicción, el caos, la lucha de contrarios, precede a la armonía del universo: el orden surge del desorden.

Para Heráclito el arjé era el fuego —cabe aclarar que para todos los filósofos previamente mencionados, el arjé era de carácter metafórico, no creían literalmente que el cosmos provenía del agua, del aire o del fuego, sino que atribuían las características de dicho elemento a su cosmogonía—, puesto que el principio del fuego refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Todo este fluir está regido por una ley que él denomina logos, el cual no sólo rige el devenir del mundo, sino que "le habla" —indica, da señales— al hombre, aunque la mayoría «no sabe escuchar ni hablar». Enseñaba que había un orden real, el cual concidía con la razón, una «armonía invisible, mejor que la visible» y lamentaba que la mayoría de personas viviera relegada en su propio mundo, incapaces de ver el real, y, aunque no despreciaba el uso de los sentidos, como Platón, pues los creía indispensables para comprender la realidad, sí sontiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia y poseer una actitud crítica e indagadora. Sin embargo, se puede hallar este logos mediante el ejercicio de la introspección, pues al ser la ley suprema, es inmanente al hombre y a su constitución.

También difundió la doctrina cosmológica del eterno retorno, la cual es mayormente conocida gracias a Nietzsche —o al menos en mi caso—, aunque el bigotudo agregó ciertos cambios; Heráclito decía que la transformación universal tiene dos etapas que se suceden cíclicamente: una descendente por contracción o condensación, y otra ascendente por dilatación.


Pitágoras de Samos, considerado el primer matemático puro, contibuyó tanto a la teoría como a la aplicación matemática, así como a la teoría musical y a la astronomía. Fundó la Escuela Pitagórica, la cual era de carácter esotérica —se castigaba a todo aquél que llegase a divulgar la doctrina pitagórica—, ahí se practicaban el naturismo, el vegetarianismo y el cuidado del cuerpo, sumándole puntos al copioso bando de científicos esoteristas; a saber, Fibonacci, Giordano Bruno, John Dee, Newton, Babbage, Crookes, etc., etc. Pitágoras fue el primero en utilizar el término «Cosmos» para describir el orden y la armonía inherentes a un universo regido por unas leyes inteligibles a través del número, que es el principio elemental, «la esencia de todas las cosas», componente fundamental de la armonía matemática que debe guiar toda investigación sobre el universo. Llegó a esa conclusión aprendiendo de los egipcios que las formas de las figuras geométricas se ajustan a números y proporciones, de Mesopotamia aprendió que los movimientos de los astros están regidos por leyes numéricas, y descubriendo, mediante experimentación, que la armonía musical también está regida por el número, estableció que el número es la raíz y fuente de la naturaleza eterna. De manera que hay una correspondencia entre las cosas y los números y sólo puede ser captada mediante la razón.

Se cree que gracias al teorema que porta su nombre, se descubrieron los números irracionales, pero fue guardado en secreto, puesto que contravenían a la doctrina en general; Hipaso de Metaponto no acalló el descubrimiento, por lo que fue expulsado de la escuela y los pitagóricos erigieron una tumba en su nombre, pues para ellos estaba muerto.

En el aspecto místico se halla la transmigración de las almas y, siguiendo las enseñanzas órficas, defienden una concepción dualista del hombre, formado por cuerpo y alma, donde el alma es inmortal y pertenece al mundo celeste, mientras el cuerpo es mortal y pertenece al terrestre. Cuando el cuerpo muere, el alma reencarna en otro cuerpo (en función de su comportamiento) y sólo podrá volver al mundo celeste tras la purificación que le libere del mundo terrestre; para purificarse había reglas de abstinencia, llevándolos a ser los primeros vegetarianos de la historia, así como numerosas reglas ritualísticas —como orar descalzo— y morales —amistad, altruismo, honestidad.


La contribución de estos cuatro grandes eruditos podrá pasar desapercibida en el día a día, pero definitivamente marcaron un antes y un después en la Historia de la Humanidad; sin ellos nos encontraríamos siglos atrás, tecnológica e intelectualmente hablando, puesto que fueron las bases sobre las cuales pensadores posteriores se erigieron. Mentes tan grandes y brillantes, opacadas por el paso del tiempo, cual jardínes colgantes de Babilonia, derruidas por el inexorable devenir; ése es el fatídico destino que nos aguarda: el olvido, ya que no somos más que una efímera chispa de vitalidad dentro de la insondable y siniestra eternidad. Así como las personas hoy en día omiten a los presocráticos del ideario colectivo, culturas venideras no tendrán ni idea que alguna vez hubo organismos pluricelulares que se autodenominaban «humanos», que conquistaron la tierra, los océanos y el aire, que edificaron inmensos rascacielos y no menos impresionantes construcciones subterráneas, que lograror atribuir sentido a la naturaleza, siquiera como mitigante a la indeterminación. Una Humanidad que se destruye a sí misma de manera perpetua, ya sea por ignorancia o por desprecio a la vida; una Humanidad que de humanidad no tiene nada, pero de maldad lo tiene todo.

#filosofía #historia

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