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Cirenaicos: el placer como bien supremo.

Actualizado: 18 sept



Todos tenemos ese amigo que jura regirse por las bajas pasiones mundanas, sin importar de dónde o quién provengan, como directrices de un éxtasis malsano pero que, al final del día, cumplen con su objetivo: una felicidad superflua que mitiga, o al menos vuelve llevadera, la existencia.

El Hedonismo —del griego hēdonḗ, «placer»— es el nombre vulgar con el que se conoce a la filosofía de la escuela cirenaica, la cual fue fundada por Arístipo de Cirene. De Arístipo se cuenta que Platón no lo soportaba, que Jenofonte lo odiaba, que Esquines discutía constantemente con él y que Diógenes lo consideraba un enemigo de la virtud, pero ¿por qué? Se murmura por los anales de la historia que no soportaban que se mostrase alegre con una filosofía tan disímil a la que ellos pregonaban. Incluso Platón, en el diálogo de Fedón, destaca su ausencia en la muerte de Sócrates:

—¿Y había forasteros? — pregunta Equécrates.

—Sí; estaban Simias, Cebes y Fedondas de Tebas, y de Megara habían venido Euclides y Terpsión —responde Fedón.

—¿Y Arístipo y Cleómbroto? —vuelve a preguntar Equécrates.

—No, no estaban; cuentan que se encontraban en Egina.

Egina era una pequeña isla famosa como lugar de placer y lascivia, así que Platón no siente la necesidad de precisar detalles. Cuenta Cicerón que Cleómbroto, al leer éstas amargas líneas platónicas, llegó al punto de suicidarse, lanzándose al mar desde un peñasco.

 

El pensamiento de Arístipo se centra en la capacidad de saber vivir «el instante que huye», diciendo que la mayor parte de los hombres, según la edad, soporta la propia existencia, ya sea deteniéndose en los recuerdos del pasado o aferrándose al futuro; mas se necesita de un ser superior para poder vivir sumergido en el presente. Sin embargo, esta «filosofía del presente» no ha gozado nunca de las simpatías de la oligarquía, pues es sinónimo de falta de compromiso moral y político, y como tal no utilizable a los fines de una transformación de la sociedad; en otras palabras, el que vivas buscando tu felicidad día con día no es útil dentro de la civilización.


Su filosofía, al fijarse metas tan nobles como el bien supremo de la humanidad y su procedencia, se adhiere al estudio de la ética —rama de la filosofía que estudia lo correcto o equivocado del comportamiento humano—, y el modo de conocer la verdad, la teoría del conocimiento cirenaica, es el sensualismo —la única fuente de conocimiento son los sentidos—, apoyándose en una epistemología empírica y subjetivista —no hay más conocimiento que el conocimiento individual.

En síntesis: Arístipo sí defendía el placer como bien superior, pero de igual manera defendió el ideal de autodominio de los instintos y el ejercicio de autosuficiencia como vehículos de los placeres, para así no dejarnos dominar por ellos. Además de que, cabe recalcar, el placer para Arístipo significaba «lo que es permanente, moderado y no arrebatador»; o sea, contemplar la naturaleza, meditar, leer, disfrutar de la música, el teatro, la poesía... todo esto era placentero para Arístipo, y es así como el hombre debe vivir: buscando el placer como ser racional y no como animal.

 

Dentro de sus discípulos más reconocidos se encuentran Areté, su propia hija, la cual fue educada bajo los preceptos del placer y el desprecio a lo superfluo, Teodoro y Hegesias. Teodoro, también llamado "el ateo", proponía arrebatar el placer en cualquier parte en que se lo encontrara, sin dejarse condicionar por falsos moralismos; tampoco admitía la amistad, pues decía que «Es un sentimiento de socorro mutuo, útil sólo para los tontos. Los sabios, en cuanto autosuficientes, no advierten ninguna necesidad de tal cosa». Hegesias, siendo el más radical de todos, decía que la vida procura esencialmente dolor al no permitirnos alcanzar un estado de plenitud e instaba a los transeúntes atenienses a suicidarse: «Óyeme, hermano: tú sabes seguramente que debes morir, pero lo que no sabes es el tipo de muerte que te espera: tal vez el Hado te ha reservado una muerte dolorosa y violenta, o una enfermedad lenta y cruel. Escucha el consejo de un sabio: ¡suicídate! ¡Un solo instante y te evitas la preocupación!». Cada mes conseguía liberar a un par de atenienses, y era llamado peisithanatos, persuasor de muerte.


Sexo, drogas, tendencias autodestructivas, o bien, música, películas, una buena lectura: todos tenemos un escape de la realidad. Al final de cuentas, cada quien obtiene placer a su manera, y esa característica en particular es lo que realmente nos une como humanos: la búsqueda del placer. Pueden venir filósofos a engalanar nuestras más bajas pasiones mediante el uso sofisticado del lenguaje y una pizca de soberbia, pero la realidad sigue siendo la misma: somos animales conscientes que disfrutan del goce sensorial. Al final del día, ni la falsa ética teológica ni los falsos moralismos de nuestro tiempo y lugar nos detendrán al intentar saciar nuestro insaciable vacío, ése que nos lleva a buscar la felicidad fugaz en estímulos físicos y/o mentales, pero que al terminar el efecto nos harán recordar cuán inexplicablemente tristes y faltos de sentido nos hallamos. Mi consejo: cojan, beban, fumen si es lo que desean, ustedes son los únicos dueños de sus cuerpos y mentes, y esta vida podría ser nuestra única oportunidad de "gozar" —cabe aclarar que tampoco estoy recomendando que mueran de una sobredosis, sino que hay cosas mal vistas que en cantidades reducidas y esporádicas pueden ser beneficiosas—; y hagan señas obscenas a cualquiera que ose entrometerse en sus estilos de vida. Nadie es perfecto y nadie sabe cómo deberían ser las cosas, todos estamos en un proceso constante de aprendizaje y mejoramiento personal; si la única meta es la muerte, disfrutemos el viaje.

#filosofía #historia

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