Capitalismo: o cómo autodestruirnos.

Actualizado: 26 dic 2020



Todo aquél que me conozca o haya leído alguno de mis escritos, sabrá que tiendo a referirme al capitalismo como un sistema socioeconómico voraz e infinitamente injusto, fácilmente justificable para algunos bajo las palabras "Pero mira qué bonitas fotos toma mi iPhone (que me endeudó por un año)". En este post intentaré hablar de los peores aspectos del capitalismo y del porqué no es "el sistema más equitativo que se nos ha ocurrido", como le encanta repetir a la gente malinformada o adoctrinada.



Y bien, ¿qué es el capitalismo?


«Capitalismo», en realidad, es un término acuñado por Marx de manera peyorativa para referirse a un sistema gobernado por el dinero, lo gracioso es que se le haya quedado ese nombre (que sea gracioso no significa que carezca de sentido, pues los capitalistas fueron los únicos que leyeron a Marx —y no el proletariado, a quien él apuntaba— como método para combatir las insurgencias proletarias que surgían a causa de las largas jornadas y terribles condiciones laborales a las cuales se enfrentaban los trabajadores de las sociedades industriales, de ahí que surgieran los sindicatos —previamente calificados como delitos— y reformas laborales que humanizaban un poco el trabajo en las fábricas e industrias emergentes).


El capitalismo, definido a manera de la RAE, es: un sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la libertad de mercado. "¿Y qué significa eso?", me preguntarás, pues significa que es un tipo de estructura bajo la cual se organiza la actividad económica de una sociedad, la producción de bienes y servicios, así como su distribución y consumo. O seeea, que los medios de producción (fábricas, talleres, maquinarias, materias primas) son privados (pertenecen a individuos) y no al Estado, lo cual implica que unos cuantos individuos se encargan (y enriquecen) de la producción de bienes y servicios requeridos por la sociedad para sus subsistencia.


Todo bien hasta aquí. Ahora, esos bienes y servicios surgen de la combinación de tres factores imprescindibles: la tierra, el capital y el trabajo. La tierra son los recursos naturales (tierra cultivable, agua, recursos minerales, etc.), el capital es aquella maquinaria necesaria para convertir la materia prima en materia secundaria (equipos industriales, herramientas, etc.) y el trabajo se refiere a las capacidades físicas e intelectuales de los trabajadores.


Todo este modelo de explotación laboral y de recursos apunta a cumplir con las exigencias de una sociedad (mimada, a mi parecer), la cual accede a ellos a través del mercado, el cual, al menos en teoría, es "parejo" para todos los bandos, y en donde las interacciones de la oferta y demanda "promueve" la competencia entre diferentes empresas en materia de precios, cantidad y calidad (lo entrecomillo porque sabemos que en la realidad las grandes empresas compran o destruyen a las pequeñas, monopolizando el mercado). Y las ganancias obtenidas (Marx lo llamaría «plusvalía»: el excedente del trabajo producido por la fuerza laboral y que va directo a los bolsillos del capitalista, o dueño de los medios de producción), en teoría, se utilizan para mejorar dichos bienes y servicios.


Pero es bien sabido que el mercado no se "regula solo", o, como a algunos les gusta llamarlo: la mano invisible, término acuñado por Adam Smith en su libro Teoría de los sentimientos morales, que en realidad utilizó para referirse a cómo los recursos pasaban, o se distribuían, de los dueños de la producción a las clases medias y bajas mediante el empleo: «[…] la Providencia dividió la tierra entre pocos señores […] pero no se olvidó de los que quedaron fuera de dicha división»; sin embargo, se utiliza como una metáfora económica mágica que equilibra el mercado mediante la oferta y la demanda, como un abstracto mecanismo que "regula" la economía. Adam Smith era un genio, y ya por los años 1759 veía las injusticias a las que un sistema económico basado en el capital llevaría a la sociedad, sin embargo, lo veía con optimismo, pues creía en el ser humano. Pero bueno, ya nos desviamos mucho. El mercado no se regula solo, y es por eso que la economía de la mayoría de los países es mixta: las decisiones económicas se atienen a límites impuestos (marco jurídico) por una autoridad central (Estado), límites de índole social (aquellas reformas laborales impuestas más a la fuerza que otra cosa de las que hablé hace rato), con el objetivo de lograr una sociedad justa y equilibrada.


"Pues no suena tan mal esta idea", me dirás. "Oh, jajaja, pero eso no es todo, mi pequeña palomita ingenua", te diré. Así es como funciona en papel el capitalismo. Ahora veremos cómo es en realidad.



La realidad del capitalismo


A los capitalistas les encanta excusarse con que el verdadero mal son las políticas neoliberales (tema que ni de broma puedo explicar aquí porque requiere de otro post completo), así como les fascina sacar sus tablitas de cifras en las cuales muestran cómo el capitalismo está a punto de "erradicar" la pobreza, cómo ha mejorado la calidad de vida general, incrementado la educación global y demás cuentos fantasiosos (puedes checar un tweet de Bill Gates, el segundo hombre más rico del mundo y quien OBVIAMENTE tiene cosas buenas que decir del capitalismo, en el que muestra una gráfica aquí), el problema con las gráficas es que son fácilmente manipulables y con datos sacados del culo de Satánas, con "suposiciones" y cifras manejadas de manera incorrecta deliberadamente (en México, nos podrá recordar a las gráficas mostradas por Chicken Little en los debates presidenciales), además de que omiten (deliberadamente, de nuevo) tocar temas espinosos y perjudiciales, y cuando les obliga a hablar de ellos, sólo responden "Quizá no es perfecto pero es lo que tenemos". Hagamos una analogía: sitúate en Italia durante el Holocausto, tu país está regido por un partido declarado antisemita y tú eres judío, tu dictador te da la oportunidad de nacionalizarte, volverte católico, integrarte al fascismo nacional y perder tu identidad en el proceso, en lugar de llevarte directamente a un campo de concentración o matarte en el lugar, como Adolfito. Como método de supervivencia inmediato, es una buena opción, PERO NO ES LA MEJOR, y no invitarías a todos los judíos del mundo a Italia, o al menos yo no lo haría.


Hablemos de las estadísticas. Se dice que el capitalismo ha reducido exponencialmente la cifra de pobreza extrema en el mundo, y aquí hay varios puntos que tocar: las cifras de pobreza extrema se comenzaron a datar a partir de 1981, por parte del Banco Mundial, y se habla de que la pobreza ha decrecido desde los comienzos de la Revolución Industrial y se utilizan las ESTIMACIONES de los economistas Bourguinon y Morrison, quienes no estudiaron la pobreza sino la desigualdad. Mal ahí, tache. Se fusionaron datos de dos fuentes (una de la cual son meras estimaciones) para llegar a una conclusión: el capitalismo reduce la pobreza.


Ahora, ¿qué significa «pobreza extrema»? El Banco Mundial sitúa la pobreza extrema en $1,90 dólares internacionales (moneda hipotética que vale lo mismo en todos los países y tiene el mismo poder adquisitivo que el dólar estadounidense) diarios, lo cual serían $44 pesos mexicanos (a día de hoy, nueve de abril del 2020, con el dólar a $23,58), lo cual serían $1,344 pesos mensuales. Pobreza extrema significa tener que vivir con esa mísera cantidad para pagar agua, comida, luz, gas, transporte, ropa, productos de higiene, enfermedades imprevistas (las necesidades básicas) cada mes. Y es ahí donde las gráficas capitalistas se vanaglorian de que la gente ha salido de esas condiciones, pero no te dicen que pasaron de la pobreza extrema al precariado, de donde es imposible salir con los míseros sueldos que los capitalistas pagan a sus trabajadores. El precariado es el promedio mexicano, que vive con $150-$300 dólares mensuales ($3,500-$7,000 MXN), y, de hecho, más de el promedio mundial (el 65%), e incluso las cifras del precariado han aumentado de 3,380 millones a 4,826 millones (consultar aquí) en los últimos treinta años. Y los capitalistas dicen: "pero también hay gente que sale de la pobreza gracias a negocios, es cuestión de que todos tengan la oportunidad", y sí, algún día "todos podríamos salir de la pobreza", pero según datos del World Economics Association (consultar aquí), con el ritmo al que vamos, tardaríamos 200 años para salir de la pobreza y tener una vida medio digna.


Y, vale, supongamos que esperamos los 200 años, pero esperarlos implica un continuo aumento en la producción (porque la población también aumenta), lo cual, a 200 años en el futuro, significaría una producción 173 veces más grande (según datos del mismo documento del World Economics Association) de lo que es hoy, lo cual significa una de dos cosas: infligir 173 veces más daño al ecosistema o necesitar de 173 planetas iguales al nuestro, sólo para que el promedio salga de la pobreza más asquerosa y deleznable. Y no sé si te hayas dado cuenta, pero la producción actual está sobrepasando los límites físicos del planeta, causando aumento en las temperaturas globales, contracción de los casquetes glaciares, aumento del nivel del mar, huracanes, incendios, acidificación de los océanos, guerras del agua (guerras por el control de reservas de agua) y extinción de más del 60% de los mamíferos, aves, peces y reptiles del planeta. El anticapitalismo hace tiempo dejó de ser cosa de hippies y pasó a ser un instinto de supervivencia.


Unas estadísticas más, ya para acabar. El último informe de desigualdad global (consultar aquí) muestra que el 1% más rico del mundo acaparó el 22% de los ingresos mundiales (en el año 2016), mientras el 50% más pobre obtuvo el 10%. Eso significa que ese 1% posee más del 50% de la riqueza MUNDIAL. O sea, los 42 individuos más ricos del mundo tienen la misma riqueza que los 3,700 millones de personas más pobres del mundo.



En conclusión: el capitalismo tiene dos grandes problemas, que pone la generación de riqueza delante de todo (incluso del ecosistema, que es la base de donde genera ingresos) y que la reparte de manera fatal. Y por si fuera poco, nos inculca la idea aspiracional de que el que persevera alcanza, cuando las cifras muestran lo contrario: el que nace pobre muere pobre. Desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos nos vemos atascados de información que nos lava el cerebro para ser una sociedad consumista y perpetuar un sistema INSOSTENIBLE. El capitalismo es un asco de sistema, y no debemos conformarnos con él porque ni "es lo mejor que tenemos" ni "genera riqueza mundial" ni "potencia el desarrollo tecnológico" (la inventiva es una capacidad humana, no capitalista) ni nada. El capitalismo es peor que caca, al menos esta última sirve de abono, y no hay nada más qué decir. Y claro que tengo una mejor opción, una alternativa más humana, no sólo vivo de quejarme, pero eso será tema de otro post.

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