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El día en el que la Iglesia católica nació

Actualizado: 26 dic 2020



Toda persona en México, independientemente de sus creencias, conoce la historia de Jesús de Nazaret: un predicador y líder religioso judío que en su infancia tuvo que huir a Egipto debido a la persecución del rey Herodes I, y que, al fallecer el monarca, pudo regresar para comenzar a formarse en la sinagoga de Nazaret, para, posteriormente, instruirse en la filosofía oriental de la India y del Tíbet (de ahí que su filosofía contenga semillas tanto del budismo como del hinduismo —"sacrilegio", me dirás, y ps no, es historia). Jesús fue un filósofo (el "filosofo del amor", diría Rius), un erudito de su tiempo, el problema es lo que se hizo con su obra, y este post trata de el día en que sus enseñanzas se instauraron como una verdad legítima (trastornada, malinterpretada y alterada deliberadamente con el paso de los años).

Cornell Barnes nos recuerda con esta pintura que los primeros cristianos (e incluso Jesús) eran de tez oscura.

Nos encontramos en el año 325 de nuestra era, los cristianos, históricamente, han sido perseguidos y encerrados (si bien les iba); estos cristianos primitivos eran judíos, de ahí proviene el término «judeocristiano» (aunque ellos preferían ser llamados "Nazarenos" o "Los del camino"), ya que la primera comunidad cristiana estaba centrada en Jerusalén, y podemos escindir este cristianismo primitivo en dos etapas: el período apostólico (primer siglo de nuestra era) y el período preniceo (siglos II, III y comienzos del IV). Es con la muerte del último de los doce apóstoles (fin del primer período) que se comienza a hacer una distinción entre el cristianismo y el judaísmo rabínico.


En el período preniceo se rechaza la tradición judaica, junto con sus prácticas, se comienza a propagar el cristianismo en Judea, Siria, Europa, Anatolia, Mesopotamia, Egipto y Etiopía, y, como en todo movimiento social que aglutina cantidades ingentes de personas, surgen diferencias de ideas. Los judíos, al ser rechazados, se ven cada vez más opacados por los gentiles (aquellos creyentes no judíos), hasta que prácticamente son considerados como el 100% de los cristianos, teniendo sus propias prácticas y escritos bíblicos, elaborados por evangelistas.


En fin, nos encontramos en el año 325, y los cristianos son objeto de persecuciones en el Imperio romano, a pesar de que el emperador Constantino I firmó doce años atrás el Edicto de Milán —documento también conocido como «La tolerancia del cristianismo»—, una orden imperial que permitía la libertad de religión dentro del imperio. Peeero a esta altura, Constantino ya había derrotado a Majencio en la llamada «batalla del puente Milvio», y esta batalla fue decisiva para la historia del cristianismo, pues la leyenda cuenta que, días antes de que sucediera el derramamiento de sangre, Constantino tuvo una visión, y en ella se le aparecía una cruz acompañada por una voz que recitaba "con este signo, conquistarás", así que marcó los escudos de sus soldados con la señal de Cristo y, como bien cuentan los libros de historia, Constantino aplastó al ejército de Majencio, éste último falleció ahogado en el río Tíber, tratando de huir, y el emperador se erigió como el único soberano de Occidente. Posteriormente, agradecido, y un tanto temeroso de la ira de Dios, convocó al Concilio de Nicea I para instaurar al cristianismo como la religión oficial.

Imagen representativa del primer concilio de Nicea, con el emperador Constantino al frente.

El primer concilio de Nicea fue una convocatoria hecha por el emperador Constantino. Este dude sabía que había múltiples divisiones dentro del cristianismo, las cuales ni se llevaban bien ni querían saber las unas de las otras (algo así como cuando en la primaria te peleas con tu amiguito y le aplicas la ley del hielo), así que este estratega militar y político llamó representantes de cada división cristiana con el fin de "establecer paz religiosa y construir la unidad de la religión cristiana". A grandes rasgos, la mayor diferencia de pensamiento entre corrientes cristianas refería a la naturaleza de Jesús: unos decían "Simón, Jesús es Dios mismo, por lo tanto es parte de Él, y, por ende, no tuvo un principio, sino que ha existido eternamente como parte de Dios" y los otros (los arrianos) decían "Namames, ¿cómo vas a decir que el Dios Padre, el Espíritu Santo y el Hijo son un único ser?, sólo existe un Dios, el cual es único e imperecedero". Y bueno, no fue una única reunión para discutir el futuro de la religión, sino que fueron varias a lo largo de todo un mes, y al finalizar este período de debate, se aplastó el arrianismo, y sus representantes y seguidores fueron desterrados y excomulgados, los cristianos vencedores estructuraron a la Iglesia en patriarcados y diócesis constituidas por arzobispos, Constantino asume el cargo de pontífice máximo (junto con sus respectivas responsabilidades seculares y religiosas) y el cristianismo pasa de ser perseguido a perseguir a los disidentes, a todos aquéllos que optaran por una religión diferente.


Pero bueno, ¿qué pasó en el concilio? La vida de Jesús de Nazaret, antes de este concilio, era contada muy diferente, los 318 obispos que asistieron a la convocatoria portaban más de 80 documentos cristianos, más de 40 evangelios, epístolas, cartas, etc., y la mayoría fue quien decidió qué poner y qué no, y pues con tantos textos, la doctrina original del nazareno obviamente fue tergiversada, además de mezclada con doctrinas paganas (en su mayoría, creencias del mitraísmo), lo cual resultó en los dogmas conocidos actualmente: la Santísima Trinidad, la transubstanciación (la hostia es la carne de Cristo y el vino su sangre), el día del nacimiento de Jesús (mito que básicamente es una copia del nacimiento del dios solar Mitra), y prácticamente todo lo que hoy día constituye las prácticas, creencias y mitos de la Iglesia católica.


Es aquí donde el cristianismo (ahora bajo el mandato de la recién instaurada Iglesia católica apostólica romana) se erige como un buen negocio: ya se puede asumir altas magistraturas gubernamentales, el clero ahora posee privilegios (como la exención de impuestos), la construcción de iglesias lideradas por cristianos se dispara a los cielos, e incluso el simple hecho de ser cristiano se considera como algo bueno para la sociedad, algo que se ve con buenos ojos, por lo cual los obispos adoptan posturas increíblemente corruptas y agresivas, a niveles nunca antes vistos en la historia de la religión.

Y eso nos trae al presente. ¿Qué es la religión? Si me lo preguntas a mí, es una fábula elaborada y perfeccionada con el paso de los años para brindar una esperanza ante la muerte, una fábula llena de corrupción, violencia, pederastía (hablo de la religión dominante en mi país de origen, México), injusticias, una fábula que desde el nacimiento te dice que portas un pecado y debes redimirte, que a lo largo de tu vida te controla mediante la culpa y encima te pide que la mantengas, porque "eso es lo que Dios quiere". Y hoy yo les digo, mis hermanos y hermanas, que si Dios existe, no es cristiano, ni católico, ni ortodoxo. Hoy los invito a que difundan y practiquen el mensaje de amor pregonado por el nazareno, sin necesidad de intermediarios, sin la estructura patriarcal que retaca sus bolsillos a costa del trabajo ajeno. El tiempo de los portadores de la voz de Dios ha terminado, las iglesias caen y comienza una nueva era, una en la cual no hay distinción entre hermanos, ni por la piel, ni por el idioma, ni por las creencias, porque eso ha generado la globalización, una mezcla de genes e ideas nunca antes vista, una era con políticas migratorias y tolerantes. Hoy el ser humano comienza a superar sus diferencias, a darse la mano en vez de meterse el pie. Hoy, querido lector, comienza la igualdad.

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