¿Existe lo real?

Actualizado: 26 dic 2020



La alegoría de la caverna, aquella explicación metafórica y epistémica que dio Platón acerca de la capacidad del humano para comprender, para generar conocimiento, además de ser el discurso favorito de toda hipótesis subversiva y en contra de lo establecido: plantea el supuesto de que todo lo que vemos es un lejano intento de realidad, que lo que llamamos "real" no es más que una mera sombra proyectada en la pared, siendo imposible conocer la existencia tal y como es.

Los cinco sentidos.

Por lo general, definimos la realidad basándonos en lo que percibimos mediante los sentidos, a pesar de que los colores, sabores y olores no sean más que entidades totalmente dependientes del cableado del cerebro, de ganancias evolutivas o de convenciones sociales. Ahondemos en estas tres situaciones para dejar claro a qué me refiero:


El color: Quizá lo sepas, quizá no, pero los colores no existen fuera del cerebro, sino que existen porque podemos distinguir entre longitudes de onda de radiación electromagnética. O sea, nuestros fotorreceptores captan luces con diferentes longitudes de onda, que son sintetizadas a nivel cerebral, y se nos muestran como estímulos visuales distintos.


Evolución: Estamos en el lugar que estamos (gobernantes del planeta) gracias a que hemos sabido aprovechar cada herramienta que la evolución nos ha conferido. Sin embargo, en casos puntuales, el hecho de disfrutar algo, como el azúcar o el sexo (que a nivel cerebral son extremadamente placenteros), no es más que el resultado de este sabio proceso; el azúcar le es grato a los animales porque provee energía inmediata para su supervivencia, y el sexo asegura el futuro de la especie. Es así como la evolución ha moldeado parte de nuestra realidad (que el azúcar y el sexo son buenos).


Convenciones sociales: La mente retuerce la realidad, pero también lo hace la cultura. Cosas tan viscerales como el asco son culturales, así, tenemos pueblos comiendo lo que otros tirarían a la basura. Aceptamos como cierto lo que la mayoría (o la normalidad) nos dice que es correcto.

La realidad es un fenómeno extraño, uno que al ser estudiado debe ser estudiado también el cómo se estudia; es aquí donde la filosofía enfrenta un gran reto y decide bajarse del pedestal del conocimiento y cederle el lugar a su hija, la ciencia. Claro, la hija siempre dependerá de la madre, y es inconcebible pretender hacer ciencia sin filosofía, pero el trono siempre termina en manos de los vástagos. Sin embargo, si el estudio de la realidad se halla limitado por nuestras propias ideas y abstracciones, ¿estamos estudiando la realidad o solamente creando una fantasía colectiva que no somos capaces de refutar por estar encerrados dentro de la misma?


En la búsqueda de saciar nuestras preguntas existenciales, hemos ido creando posturas filosóficas, teorías del conocimiento y métodos para poder explicar lo que pasa en el universo más allá de nuestros sentidos. Es así como nace el método científico, de la abstracción e imaginación humanas, lista para rellenar cualquier hueco que nuestras pobres herramientas mentales no son capaces de satisfacer. Gracias a él, ahora podemos ver personas que han fallecido, lugares que no conocemos, incluso galaxias a cientos de años luz, y todo desde la comodidad de nuestras alcobas. Las matemáticas nos han dado una probadita de la infinitud, y nos ha gustado, tanto que queremos replicarla en nuestras vidas, en las personas mismas, creando dioses más allá de lo ético y la muerte, llevándome a mi siguiente punto: no experimentamos la realidad, la significamos, le damos sentido.

En nuestro largo trayecto de "significar la vida", nos hemos topado con muchos problemas, hemos ido creando soluciones y descartando ideas. Para un egipcio de hace 2,000 años no tendría nada de sentido una ecuación matemática que estudie conjuntos discretos, a pesar de estar mucho más cerca de la verdad (si es que a algo se le puede llamar de tal manera), y, a pesar de que el método científico no sea perfecto y esté incompleto, es innegable el hecho de que ha construido la realidad tal y como la conocemos, tanto desde el discurso científico como del tecnológico. Y creo que es importante diferenciar entre estas dos últimas: la primera nos ofrece una visión fidedigna de lo que existe, mientras que la otra es totalmente subjetiva y está sujeta a quien dé el mensaje; un ejemplo de esto sería el noticiero de Fox News (o cualquier otro), que, como es bien sabido, sirve para transmitir las palabras de un reducido grupo con ciertos ideales particulares.


Esta nueva concepción de la realidad, en donde nosotros (los medios de comunicación) somos quienes producimos un mensaje con calidad de "correcto", y lo reproducimos sistemáticamente hasta que se convierte en verdadero, es lo que nos posiciona más allá de la cualidad de humanos y nos otorga poderes de dioses, con la facilidad de decidir qué es real y qué no lo es. La televisión, con su actual poderío, nos llena de estímulos visuales y relega el mensaje a medios más tediosos, como los libros. ¿Quién querría leer un libro acerca de biología molecular cuando las Kardashians perdieron a su perrito en el centro comercial?, el libro siempre estará ahí, pero el perrito podría morir, mejor dejamos el libro para después, ¿cierto?


Y es así como una minoría poderosa, aquélla que puede decidir lo que es verdad y lo que no, define y construye a la humanidad, pues suficiente gente creyendo una verdad (que no es verdad) es mucho más importante que una verdad (que sí es verdad) desconocida al público. Y no es que aceptemos ciegamente los edictos de Papá Occidente como verdaderos, sino que se ha instaurado a lo largo de los años como el poseedor de la verdad, poder que funciona a través del lenguaje y se sustenta gracias a instituciones y ciencias humanas. Ejemplo: tenemos a la psicología, que dice qué es lo anormal (y, por consiguiente, qué es lo normal; la normalidad se define desde la anormalidad y no al revés), y tenemos a los hospitales psiquiátricos, que son la fuerza física que mantiene como verdaderas las palabras de la psicología. Es así como un grupo que comparte ciertas características (psicólogos), define una verdad (lo que es anormal y lo que no) gracias a el poder institucionalizado (hospitales) y a que las personas aceptan como verdaderos los saberes de dicha rama humana (psicología). En otras palabras: saber es poder.

Es así como definimos la realidad, desde el discurso científico, desde el entretenimiento, desde la cultura, desde lo biológico, pero más que nada, desde lo que nuestro cerebro acepta como verdadero (con todo y sus errores). Los poderes crean una idea de lo que es verdad, y con ello moldean mentes de manera masiva gracias a una infinidad de instituciones que vigilan y castigan comportamientos e ideas (siendo las redes sociales una de estas instituciones, y tú, cada que intentas reprimir a alguien, uno más de los adoctrinados), mediante apedreo público, propaganda personalizada y una actual obsesión por ser observado y calificado.


Gracias a todo lo mencionado antes, la realidad no es algo que exista inamovible por siempre y para siempre, sino que solamente es, cada segundo es lo que es porque todos los aparatos ideológicos han participado en cierta fracción de la verdad para crear una verdad mayor, una verdad y realidad humana. En otras palabras, nosotros somos la caverna de Platón: nosotros decidimos las imágenes que ponemos a formar sombras con los rayos del Sol, y al mismo tiempo somos los que vemos las imágenes retorcidas e incompletas. Nuestro lenguaje, nuestra noción del tiempo, los ideales perseguidos por nuestra ciencia, nuestro miedo al infinito y a la muerte, lo que sentimos, pensamos, adoramos y odiamos, todo eso y más definen lo que llamamos "realidad", y sólo podemos concluir que, al igual que no existe una verdad absoluta, tampoco existe una realidad absoluta, y si la realidad no existe como tal, ¿qué implica eso para nosotros como simples humanos? Anhelamos responder las preguntas existenciales, cuando ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en temas humanos. Intentamos ser dioses, sin darnos cuenta de que somos peor que hormigas en la escala evolutiva.

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