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La Revolución Francesa

Actualizado: 1 oct 2019



A finales del siglo XVIII existían diversos factores tanto políticos y sociales como económicos e ideológicos que llevaron a Francia a buscar la emancipación de la nobleza. Por un lado tenemos un pueblo miserable, cansado y enojado por no gozar de ningún derecho ni ayuda, y por el otro tenemos a un reducido —pero intocable— porcentaje que ostenta riquezas y todos los lujos que eso conlleva. Las muertes por inanición eran algo común, pues numerosas sequías y heladas habían sellado el destino del pueblo francés: los campos y cultivos estaban en pésimas condiciones, mas los agricultores debían cumplir con las mismas obligaciones fiscales. Todo esto aunado a la reciente independencia estadounidense y a las ideas de libertad pregonadas por unos cuantos franceses ilustrados incentivaron a un pueblo cansado, famélico y pisoteado a cambiar su situación con sus propias manos. El estandarte de la justicia social se levantó por primera vez en Europa.


El 14 de julio de 1789 el pueblo francés se levanta en armas y toma la Bastilla, una fortaleza medieval utilizada como prisión con un altísimo costo de mantenimiento —pagado por el pueblo, claro— en la cual se encerraban víctimas del poderío monárquico: bastaba con una simple carta del rey para encarcelar sin juicio a una persona. La toma de este lugar fue más simbólico que estratégico, pues era un símbolo de la autoridad del rey y significaba el hundimiento del poder absolutista, además de ser un hecho clave para afianzar la insurrección revolucionaria e iniciar el camino hacia la república francesa. En 1880 se declara el 14 de julio como el Día Nacional de Francia.

El heroico movimiento revolucionario se propagó cual chisme de secundaria: a lo largo y ancho de la nación había campesinos insurrectos tomando por la fuerza lo que les pertenecía por derecho tácito. Ahora bien, en la Francia feudal y autoritaria que había gobernado hasta ese momento, existían los Estados Generales, que eran representantes de cada estamento o estrato social (el primer estado se conformaba por el clero, el segundo por la nobleza y el tercero por comerciantes y ciudadanos con independencia financiera —los burgueses, pues—, y este último estamento, a pesar de ser el pueblo, no representaba fielmente los intereses de los sectores más pobres y necesitados), y estos Estados Generales se juntaban cuando el rey así lo decidiese y votaban para escoger el rumbo de su frágil reinado, claro que, como cada estamento contaba con un voto, el clero y la nobleza podían subyugar el voto de los burgueses siempre que así lo quisieran por el simple hecho de ser la mayoría. Ante la creciente inconformidad social, había revueltas, pánico y caos en todos lados; en ciertos parajes remotos corrían rumores de ataques y pillaje por parte de bandidos a localidades enteras, los cuales se decía que estaban tan bien organizados que solamente podían ser mercenarios contratados y dirigidos por el primer y segundo Estado para socavar los aires revolucionarios que se respiraban por doquier. Los agricultores pasaron de estar aterrados (por lo cual a este capítulo de la Historia de Francia se conoció como «El Gran Miedo») a estar coléricos y a levantarse en armas en contra de los bandidos (inexistentes, ya que eran meros rumores) y los gobernantes. Comenzó una verdadera revolución agraria imparable: muchos castillos fueron saqueados y los documentos que contenían los derechos de los nobles fueron quemados.

Ante el descontento de la nación, la Asamblea Nacional Constituyente (previamente el organismo conocido como Estados Generales) suprimió por ley las servidumbres personales y los diezmos, aboliendo el feudalismo e instaurando la igualdad de impuestos, condenas y acceso a cargos públicos para todo ciudadano (menos mujeres, claro está. Sigue siendo el siglo XVIII, ¿qué esperaban?). Este mismo órgano legislativo se encargó de redactar la primera constitución francesa, la cual fue aprobada el 3 de septiembre de 1791, estableciendo una monarquía constitucional, en donde el rey compartía el mandato con la asamblea y solamente ejercía el poder ejecutivo y el derecho a vetar las leyes aprobadas por la ahora llamada Asamblea Legislativa. Esta asamblea se reúne por primera vez el 1 de octubre de 1791, compuesta por 264 diputados situados a la derecha del rey (feuillants y girondinos), portavoces republicanos de la alta burguesía, en el centro figuraban 345 diputados que carecían de un programa político definido, y a la izquierda había 136 diputados (jacobinos y cordeliers), portavoces del pueblo parisino. El grupo moderado, los inscritos en el Club des Feuillants, defendían a la realeza frente a la agitación popular; los girondinos (diputados provenientes en su mayoría de Gironda) estaban a favor de la guerra contra aquéllos que se resistían a las leyes revolucionarias; los jacobinos (frailes dominicos) defendían la soberanía popular y el sufragio universal; y los cordeliers (sector más radical y único representante del pueblo más humilde) no sólo apoyaban, sino que demandaban, la eliminación de la monarquía, la instauración de una república y el sufragio universal. En la derecha (de aquí viene el consenso general de llamar de "izquierda" o "derecha" a las ideas políticas) se podían encontrar filósofos y abogados, en su mayoría, y en la izquierda a la burguesía baja pero culta, seguidora de las ideas de las Luces, decididos a entablar guerra contra los soberanos europeos para extender la idea de libertad en Europa. Estos diputados se reunían en clubes, germen de los partidos políticos, de los cuales el más popular fue el de los jacobinos, dominado por Robespierre.


Maximilien Robespierre fue uno de los personajes más importantes de la Revolución Francesa (para bien o para mal), con una alta educación, sobresaliendo como abogado, escritor, orador y político; apodado "el incorruptible". Famoso por su trabajo como defensor legal de los sectores más desposeídos, su fuerte oposición a la pena de muerte y su trabajo como escritor; llegó a ser uno de los abogados más notorios de Arras, resultando electo como diputado del Tercer Estado en 1789, ascendiendo en jerarquías internas y alcanzando la presidencia de la Convención Nacional (el 10 de agosto de 1972 es suspendido el rey de sus funciones y se convoca a una nueva asamblea, elegida mediante sufragio universal, y ésta recibe el nombre de Convención Nacional), dando inicio a lo que se conoce como el Reinado del Terror.

Robespierre, gracias a su tremenda popularidad, fue ganando terreno y subiendo escalafones en aquellos grupos que ostentaban el poder: primero fue miembro de la Comuna revolucionaria (poder local), luego representó a la ciudad en la Convención Nacional (la cual a estas alturas ya asumía todos los poderes), es aquí cuando se vuelve un autócrata empapado de poder y lucha firmemente contra los girondinos, con la excusa de que la República debía defender sus intereses a como dé lugar, y los girondinos, siendo el grupo más conservador, no representaban exactamente los intereses revolucionarios del pueblo sediento de libertad. En fin, en 1793, Robespierre, apoyado por las masas, da un golpe de Estado y desmantela el grupo girondino al arrestar a la mayoría de sus dirigentes. En lenguaje republicano jacobino (partido del cual procedía Robespierre), "el Terror" era una acción en defensa de la Virtud: cualquier cosa era válida al tratarse del bienestar de su público y la República, excusándose de las miles de muertes en guillotina de obreros y campesinos que ordenó, olvidando los ideales nobles que años atrás le habían conseguido popularidad, fama y poder. Robespierre desmanteló todo grupo con una pizca de oposición, tanto ultrarrevolucionarios (como los hebertistas) como los republicanos moderados (los llamados "Indulgentes"). Cuentan los rumores que la cordura y entereza de pensamiento le habían abandonado hace tiempo, que "el incorruptible" fue consumido por un tirano con la misma piel y cara. En julio de 1794, Robespierre es acusado de dictador, detenido y encarcelado. Esa misma noche, fieles robespierristas lo liberaron, ocasionando un tiroteo que culminó con Robespierre siendo baleado en la cara (se desconoce si fue autoinflingido o producto de la escaramuza), aprisionado y guillotinado al día siguiente junto a veintiún colaboradores en el mismo lugar (Plaza de la Revolución) en el cual meses atrás había asesinado a tantas personas.

Tras el final del Terror, la Convención Nacional ratifica una nueva constitución en la cual concedía el poder a un Directorio, formado por cinco miembros llamados «directores». Esta constitución duró cuatro años, pues a lo largo de este tiempo hubo muchas revueltas que fueron reprimidas por el ejército, es aquí donde surge un Napoleón Bonaparte, que ya gozaba de ser general tras años de estar al frente del ejército en Italia y haber concluido acuerdos con Nápoles, los Estados Pontificios, Toscana y Austria (sin el consentimiento del Directorio), y da un golpe de estado. La nueva constitución es promulgada en 1799 y establece un régimen autoritario que concentraba el poder en manos de Napoleón Bonaparte, con la supuesta intención de salvar a la reciente y nada estable república. En 1802, Bonaparte se autonombra cónsul vitalicio, ascendiendo al poder ilimitado, autocrático y tiránico, proclamando el Primer Imperio Francés y cerrando el capítulo histórico de la Primer República Francesa.


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