Martin Luther King, Jr.

Actualizado: 26 dic 2020



Nos encontramos en la década de los 50s, el crecimiento económico estadounidense debido a la posguerra es imparable, la Guerra Fría está en sus comienzos, lo cual crea una conciencia solidaria y generalizada en contra del enemigo: el comunismo, al igual que todas sus manifestaciones sociales. El miedo ante el gigante soviético y su sistema "del demonio" (porque la propiedad privada es la obvia culminación de todo sistema económico razonable, ¿cierto?, porque declarar un pedazo de tierra como "tuyo" es la única manera de sentirse parte de la colectividad consumista, dándole sentido a nuestras vidas, am I right? *guiño* *guiño*) ayudó a crear políticas de índole represiva a lo largo y ancho de Occidente, caracterizando a la época por su estricto conservadurismo y rigurosas normas sociales... lo cual fue un terrible error, pues la gente ya sabía que no podía ser reprimida, que las masas controlan (cuando quieren) a los gobiernos y no al revés, que existen los derechos, vaya. Esta década se caracteriza por los inicios de la contracultura (movimiento que promueve todo estilo de vida diferente al regido por la norma), por la lucha de ideales, por la búsqueda de igualdad, de sensibilización con el prójimo, de aceptación de diferencias. Ésta es la década en la que surge nuestro protagonista: por un lado, duras políticas sociales y, por el otro, gente cansada de ellas.

Martin Luther King Jr.

Nacido como Michael King Jr., su padre, un reverendo y misionero, viajó en los comienzos del poderío nazi a Alemania para atender una conferencia bautista, y, tras ver lo que sucedía en el país, decidió cambiar su nombre y el de su hijo en honor al reformador protestante Martín Lutero, que siglos antes había luchado contra la iglesia cristiana en el mismo país en donde se estaban cometiendo atrocidades innombrables.


Martin Luther King Jr. fue uno de los más importantes activistas del Movimiento por los Derechos Civiles, defensor del cambio social no violento, protestante contra la guerra de Vietnam, y defensor de los pobres, aquel sector poblacional considerado menos que plagas por la mayoría; fue condecorado Premio Nobel de la Paz en 1964 y asesinado cuatro años después, mientras apoyaba a los trabajadores afroamericanos que se encontraban en huelga en busca de mejores salarios y tratos medianamente humanos. Pero, ¿de dónde sale este prodigio de la justicia social?, ¿este Batman de la realidad?

Martin (tercero de izquierda a derecha) en una conferencia en el Morehouse College, una universidad privada creada originariamente para afroamericanos.

Patrick Parr nos cuenta en su libro The Seminarian cómo un joven Martin Luther King, a la edad de quince años, recorrió medio país para participar en un concurso de oratoria (concurso que no ganó); sin embargo, mientras regresaba de ese concurso, tuvo una experiencia que lo marcó de por vida. El autobús poco a poco se iba llenando, y Martin, al estar sentado en los asientos de enfrente, comenzaba a atraer las miradas deleznables de la gente blanca, hasta que el chofer le ordenó a él y a su amigo que le cedieran sus asientos a "los blancos". El asunto escaló a tal grado que comenzaron a llamarlos "black sons of bitches", a lo que la tutora de nuestros protagonistas les pidió que por favor se levantaran para evitar mayores percances, "que así eran las leyes". Eventualmente, tanto los dos chicos como la maestra tuvieron que irse al fondo del autobús y recorrer 144 kilómetros parados. Martin cuenta, años después, aún con enojo en sus facciones, cómo todo el camino tuvo que ir viendo a gente blanca sentada o dormida cómodamente en sus asientos, mientras ellos eran avergonzados y tratados como bestias: "Nunca olvidaré ese día", confiesa. Y no solamente eran las cadenas impuestas por la gente blanca, sino la aceptación indulgente de ese trato inhumano por parte de los afroamericanos, el darse cuenta de que su vida no valía.


Es en esas condiciones y con esos pensamientos a flor de piel que decide estudiar sociología en el Morehouse College, graduándose como el mejor de su clase y siendo electo presidente del cuerpo estudiantil. En esa universidad conoció a Walter McCall, el que sería su mejor amigo y lo impulsaría a vencer sus miedos. Cuenta la historia que McCall era un veterano de guerra de 21 años que cortaba el cabello por un dólar, y Martin requería de un corte, así que fue con él, pero no tenía un dólar para pagarle; el punto es que terminaron peleándose y luego sintiendo un profundo respeto el uno por el otro. Martin, callado y reservado, y McCall, altanero y confiado, eran la pareja perfecta. McCall, junto con Betty Moitz (una chica blanca de la cual se enamoró profundamente, y la cual sabía que era capaz de cambiar el mundo) fueron quienes le dieron el valor a Martin para transformar el mundo en uno más justo y equitativo.

Martin solía jugar billar hasta las tres de la mañana en sus épocas universitarias.

King sabía que el cambio no se da solo, así que comenzó a escribir y a dar discursos, a organizar protestas y manifestaciones no violentas para llamar la atención sobre la discriminación racial y para exigir la legislación sobre derechos civiles que protegieran los derechos de los afroamericanos. En 1963, encabezó marchas pacíficas que las fuerzas policiales combatieron con perros entrenados y mangueras contra incendios, creando polémicas en los periódicos a lo largo de todo el mundo. La gente comenzaba a escucharlo. Tras esos eventos, la gente empezó a unirse a la causa, culminando en su discurso I have a dream, en donde ya había más de 250,000 manifestantes apoyándolo. Su discurso no sólo es una pieza maestra de la oratoria, sino que también es un punto de inflexión en la historia de la humanidad, así que leamos extractos de esta joya literaria (mas recomiendo leerlo entero):


«Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy en la que quedará como la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestra nación. Hace cien años, un gran americano, cuya sombra simbólica nos cobija, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio. Pero 100 años después debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro aún no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después, el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra. [...]


Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería heredero. Esa nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de 'vida, libertad y búsqueda de la felicidad'. Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto con el sello de 'fondos insuficientes'. Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Por eso hemos venido a cobrar ese cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia. [...]


También hemos venido a este lugar sagrado para recordarle a Estados Unidos la urgencia feroz del ahora. Este no es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo. Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento. Este sofocante verano del legítimo descontento del negro no terminará hasta que venga un otoño revitalizador de libertad e igualdad. [...]


Yo tengo un sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: 'Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales'.


Yo tengo el sueño de que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.


Yo tengo el sueño de que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.


Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy!».

Martin Luther King en su aclamado discurso "I have a dream".

La vida de Martin Luther King Jr. no sólo es un ejemplo del poder que una sola persona puede llegar a tener, también es un modelo a seguir. Un hombre que en condiciones de desigualdad luchó para que nadie más tuviera que soportar todo el racismo que él sufrió en carne propia, y aunque aún no vivimos en una sociedad totalmente justa, sería muy diferente si Martin no hubiese levantado la voz ese día en el autobús. Tú también tienes ese poder, sé como Martin.

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