Una curiosa historia sobre las células y su afinidad a la unión

Actualizado: 26 dic 2020



Hace unos 4 mil millones de años en la tierra una serie de fenómenos geológicos, físicos y químicos crearon del caos volcánico submarino un conjunto de moléculas que podían cumplir funciones prebióticas, poco a poco darían como resultado sistemas biológicos. Estos sistemas están conformados por moléculas que son extremadamente pequeñas. Para poder darnos una idea de lo increíblemente pequeñas que son estas moléculas, en un vaso de agua existen unos 13 800 moles y en un mol de agua existen 6 022 x 10^ 23 moléculas, cada una con dos átomos de hidrógeno unidos a un átomo de oxígeno.



Por consenso, en la comunidad científica se toma a la célula como la unidad básica de la vida. Una célula es un sistema formado principalmente por algunos tipos de componentes químicos como: proteínas, ácidos nucleicos, lípidos y polisacáridos; algunas estructuras como la membrana celular (encargada de limitar a esta del exterior), el citoplasma (fluido en el que flota el material de la célula), el núcleo o nucleoide (lugar donde se concentran los ácidos nucleicos y los ribosomas que son los encargados de fabricar las proteínas).



En el año de 1953 los científicos Stanley Miller y Harold Clayton Urey simularon en un laboratorio las condiciones geológicas, químicas y físicas que habría en la tierra primitiva de hace unos 4 mil millones de años (algunos científicos llaman a este conjunto de condiciones el “caldo primigenio”), con la finalidad de probar que en los albores de la tierra hubo condiciones idóneas para que se formaran moléculas afines a la vida. Entre estas condiciones se encontraba una atmósfera reductora (la cual no podía oxidar compuestos y por ende otorga mayor estabilidad a las moléculas de carbono), mucha agua (medio ideal para las reacciones químicas), la temperatura proporcionada por una actividad geológica mucho mayor a la de hoy y una continua descarga eléctrica proporcionada por tormentas gigantescas. Después de mucho trabajo en el laboratorio con el caldo descubrieron que se habían formado unas moléculas llamadas aminoácidos (que en cadena forman proteínas).



Por primera vez en la historia un grupo de seres humanos habían sintetizado una molécula “ladrillo” en la gran fortaleza de la vida. Así demostraron que la complejidad y el orden de la vida proviene del caos primitivo, suponemos que después de la formación de las moléculas prebióticas y con el paso de los millones de años se fueron creando sistemas cada vez más complejos hasta llegar a la unidad básica de la vida.



Fueron las bacterias las que reinaron la tierra en los comienzos de la vida (aún lo hacen). Existen dos tipos de células: las procariotas, que carecen de núcleo y pertenecen a las bacterias o arqueas; y las eucariotas, que presentan núcleo y pertenecen a organismos más complejos como los animales, hongos o plantas. Sabiendo que las células eucariotas son más complejas que las procariotas, en 1975 la bióloga Lynn Margulis propuso la teoría de la endosimbiosis, la cual nos dice que la célula eucariota se originó gracias a la asimilación de dos o más células procariotas, dando como resultado un solo sistema (una sola célula), es decir, que dos o más bacterias se fusionaron para dar lugar a un nuevo ser vivo con las habilidades de varias bacterias.


Siguiendo la historia evolutiva nos damos cuenta de que la unión hace la fuerza y que la vida tiende a ser más compleja con el paso de los eones. Cerca de las costas de Chile en el reino submarino existe una colonia inmensa en el lecho oceánico formada por bacterias de una sola especie; la evolución las ha dotado de una habilidad peculiar: la comunicación química. Cuando una región de bacterias de la colonia pasa por escasez de recursos alimentarios, estas segregan señales químicas para avisar a otras bacterias aledañas la alarmante situación, para que de esta forma puedan disminuir o cesar el consumo de recursos y ayudar a las bacterias perjudicadas. Por otro lado, los animales están formados por conjuntos de células llamados tejidos, que a su vez forman órganos que cumplen una o varias funciones; estos colaboran con otros órganos para formar sistemas que conforman individuos (viéndolo desde este punto de vista son máquinas supercomplejas, aptas para sobrevivir y dejar descendencia).

Tan relevante es la colaboración en la vida que existen asociaciones entre dos o más especies. Es el caso de los bosques en los que habitan muchas especies de árboles, donde se comunican entre ellos gracias a las redes de hongos micorrízicos, que mantienen comunicados a todos los árboles, estos hongos son algo así como el wifi del bosque. Cuando un árbol presenta falta de nutrientes, los hongos a través de su micelio les avisan a los demás árboles para que estos a través del mismo micelio donen nutrientes al árbol que los necesita.



La evolución creó ejércitos celulares que luchan con la hostilidad de la existencia, la finalidad de la vida es preservar el código genético; y la finalidad de la evolución es otorgar herramientas a la vida para que esta cumpla su objetivo y a menudo lo hace creando sistemas cada vez más complejos.

 

Corrección de estilo:

Lizbeth Islas.


Fuentes de información:


Brock, Thomas D., Brock. Biología de los microorganismos.

Druyan, Ann, Cosmos. Possible worlds.

Gómez, Fernando Javier, La Tierra primitiva y su transformación en un planeta amigable. Evidencias del registro geológico (rocas y minerales), Argentina, Cordobensis, primera edición, 2007, disponible en: https://www.cba.gov.ar/wp-content/4p96humuzp/2013/03/La+Tierra..pdf

Margulis, Lynn, Origen de las células eucariotas.

Oparin, Alexander, El origen de la vida.

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